sábado, 21 de agosto de 2010

A vueltas nuevo con el Bien y el Mal

Llevo unos días reflexionando sobre todo aquello que he escrito en este blog. Tengo que reconocer que incluso he pensado en cerrarlo (algo bastante habitual cuando se habla de blogs, puestos que estos aparecen y desaparecen a un ritmo frenético). Supongo que no encontraba motivos para mantenerlo. Lo creé porque sentí la necesidad de desahogarme, tal vez de liberarme, tal vez de estar en paz conmigo misma. Pero si fue o no fue por cualquiera de esos sentimientos, fuere por lo que fuere, había desaparecido.

Para mí las palabras son algo muy poderoso, porque no sólo dependen de la intención con que las escribamos, dependen tambien de la intención con la que se lean. Tú no puedes decirle a la gente como debe interpretar lo que escribes. Incluso la frase más tonta puede esconder un doble significado o sólo letras.

Reconozco que en alguna ocasión me he sentido influenciada. Es casi surrealista el echo de abrir un blog para dar rienda suelta a tus desvarios psicológicos y acabar preocupada por si puedes o no publicar éstos porque pueden ser malinterpretados por personas que pueden importarte más o menos, Porque pueden crear lágrimas o abrir heridas. Dejas de escribir esperando aclarar tus ideas y escribes cuidando de que éstas no causen daños. Ya no escribes para ti, escribes para los demás... Eso está bien si eres escritor, pero no si has empezado algo que se supone que es una parte de ti que ya no te importa que vean los demás... si has empezado algo que se supone que mientras lo hagas te ayudará a evolucionar, ya sea superando el pasado, enfrentandote al presente o anhelando el futuro.

Claro que tambien puede ser que ayudes a alguien. Que alivies un dolor, que seas como una palmadita en el hombro, o incluso que le des esperanza cuando cae al pozo. Tal vez alguien se vea reflejado en tu espejo y eso le impulse a querer tener un espejo, o halle en tu reflejo una sombra que le recuerde lo que no quiere ser. Quien sabe.

Y sigues olvidando los motivos que te impulsaron a abrirlo... ¿Cuales eran?


Ah, si, cierto. Con la mayoría de la gente que ha compartido mi vida no puedo compartir toda la mia. El BDSM no es algo que se comprenda facilmente, al principio, ni tan sólo por los que lo sentimos. Por eso lo abrí. Porque necesitaba hablar de ello. Y aveces tengo la impresión de que ni tan sólo los que pertenecemos al BDSM nos comprendemos entre nosotros mismos.
¿Somos intolerantes? Eso lo tengo muy oido. Es una palabra que se utiliza mucho en los chats y en los foros cuando te muestras en abierta disconformidad con alguna idea en la que la mayoría parecen estar de acuerdo.
Entonces te dicen que eres intolerante y que si entre los que pertenecemos a este mundo no nos respetamos, como esperamos que nos respeten los que no saben lo que es.


¿Y? ¿Quien esperamos que nos respete y porque? No es esa persona la que te ofende ni la que te hace sentir mal por haberse mostrado en desacuerdo. Lo que en realidad sucede es que si alguien que sabe lo que es el BDSM no lo comprende, te entra pavor al pensar en como se clavarían las miradas de tus seres queridos en ti si lo supieran. Y tú pretendes pagar el pato con la persona que no se ha mostrado de acuerdo contigo. Y si hace falta llamarla incluso ignorante y negarte a entrar en debate pacífico con esa persona para que ambos aprendais que siente quien está al otro lado, lo harás. Todo con tal de no enfrentarte a la cruel realidad.


Nadie conoce todos los recovecos de su ser. Todos dudamos en algún momento.
Deberíamos empezar a aceptar, que aunque el BDSM sea un subcultura, no dejan de estar presentes en él las mismas cosas que hemos visto siempre. Hay injusticias, traiciones, mentiras, falsedades, arrogancia, vanidad... Y todo lo contrario, también.


No me pidais respeto nunca más sólo por llevar la misma etiqueta que vosotros, porque esa es sólo una de las etiquetas que llevo. Evidentemente yo tampoco exigo vuestro respeto. Sólo con el tiempo todos veremos nuestro verdadero rostro.

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