Cada vez tenía más claro lo que NO querías. Y por ende, lo que buscaba. No iba a aceptar la entrega de alguien a quien no le gustara hablar, pensar, analizar las cosas. Era importante que compartiera conmigo la fascinación por la lectura, que tuviera una inquietud y curiosidad sanas como las que yo tengo por el mundo. Que tuviera ganas de crecer espiritualmente hablando. Es decir, que compartieramos una base de intereses comunes para poder afianzar la relación sobre unos pilares de complicidad y confianza basada en el diálogo y la comunicación. En resumen, una mente compatible con la mía, al margen de las prácticas BDSM. Porque si no podía conocer a esa persona como me conozco a mi misma, no podría garantizarle nunca, entre otras cosas, su seguridad. Porque ya que esa persona iba a confiar en mi ciegamente, yo tambien tenía que poder hacerlo. Algo muy difícil, por cierto, para alguien que como yo soy muy desconfiada.
Y como a mí me gusta mucho reirme y poseo mucho sentido del humor, también quería que fuera alegre, juguetón/a, simpátic@, que tuviera un humor inteligente y mordaz, y, porque no decirlo, travies@. Alguien con quien poder reir y jugar cuando Yo quisiera. Y que fuera muy masoquista. Porque me gustan los contrastes. Alguien a quien poder acariciar con ternura y azotar con dureza. Y para eso... ¿que mejor que un cachorrito?
M me habló de alguien. Alguien que tenía esas cualidades que yo buscaba y no conseguía encontrar. Él me conoce muy bien, así que le escuché. Pero estaba lejos y amaba el lugar donde vivía. Así que decidí que no hacía falta que me lo presentara. Y seguí desesperandome entre conversacionces vanales algunas y muy provechosas y didácticas otras, pero sin encontrar lo que quería.
Tutelé a un par de sumisos y un Dominante, cansada de no encontrar, al menos me llenaba ayudar. Y se me daba bien hacerlo. Disfrutaba viendo como otros se acercaban un poco más a la felicidad. Era realmente gratificante. Bueno, aún lo és. Estaba a punto de equivocarme aceptando tener a prueba a un sumiso, cuando el azar, quizás, quiso que pasara algo.
Estaba en una sala de chat, en la que siempre solía estar. Nunca habíamos coincidido antes. En un momento dado me fijé en la lista de usuarios y allí estaba. El sumi del que me había hablado M. Y sentí curiosidad.
-perrosion, me permites un pv?
Desde el principio hubo conexión. En ese momento como personas. Y estuvimos hablando mucho, sobre muchas cosas. Y también sobre BDSM. Me sentía a gusto con él. Era muy educado, mucho. Y muy divertido. Y también muy natural. Aunque antes de conocernos ambos nos habíamos descartado por la distancia que nos separaba, me gustaba su compañía.
Ya sabemos como acaba la historía, pero es demasiado intensa para explicarla en un solo post...

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