"Era una noche fría pero clara, y el vacío de su corazón parecía cobrar más consistencia que nunca al ver el blanco resplandor de la luna en el cielo, menguando, completando su ciclo hasta desaparecer. Así quería que fuera para Ella. Que ese vacío menguara como lo hacía la luna noche tras noche.
Llevaba siglos y vidas con sus pies sobre la tierra. Había visto evolucionar y desevolucionar todo cuanto se hallaba a su alrededor y tambien en su interior. Sólo una constante se mantenía firme y aferrada a su existencia. La necesidad de un compañero fiel, que aún a sabiendas de su naturaleza, permaneciera a su lado y colmara todos sus deseos, que en realidad serían los de ambos.
Sabía que podía someter a sus órdenes. A muchos más de los que cualquiera pudiera imaginar. Pero eran falsas esas promesas que le ofrecían aquellos seres que querían entregarse a Ella. En algunos casos porque ni ellos mismos sabían lo que era entregarse a Ella, en otros porque eran vanas sus promesas y débiles sus palabras, y en los más surrealistas y numerosos de los casos, porque eran ellos los que exigian un tiempo y una dedicación.
Otros como Ella se conformaban con poco. En algunos casos no lo entendía. En otros, lo que no entendía era como un ser como el que estaba a su servicio podía haber entregado su alma a alguien tan vano, tan superficial y tan falso. Sólo ofrecía su admiración a aquellos que habían forjado su propia filosofía y habían sabido encontrar la pieza que encajaba en el complejo rompecabezas que es el alma.
Como tantas incontables veces, el sonido de alguien golpeando su puerta le sacó de sus reflexiones. Abrió sin saber que se iba a encontrar pero con pocas esperanzas.
-A sus pies, Señora.
Otra vez un ser a quien ni siquiera conocía se postraba ante Ella. Otra vez Ella intentaba ver en el interior de sus ojos y no hallaba más que a un hombre mirando su cuerpo. Otra vez su ansia se aceleraba y sentía el vacuo deseo de desangrar su cuerpo. Pero sabía que de nada le serviría si ese dulce mordisco no desgarraba tambien Su alma.
Educadamente cerró la puerta. Volvió a su trono y se preguntó cuantas vidas volverían a pasar hasta que en volviera de nuevo a aparecer en su vida alguien que le hiciera sentir algo más que hambre."
Este pequeño relato está dedicado a todos aquellos que piensan que los Dominantes tenemos un mundo de posibilidades y que en cierta forma, somos seres superficiales que si perdemos a alguien que nos ha ofrecido su sumisión podemos "reponerlo" como si fuera una camiseta vieja. A todos aquellos que creen que cualquier sumiso es bueno para cualquier Dominante. A todos aquellos que piensan que es más valioso un Dom que un sumiso o viceversa. Y también a todos aquellos que cierran sus puertas si quiera a hablar con alguien que no se haya forjado una "reputación" o un nombre (pobres almas que desaprovechan oportunidades creyendo que se les aparecerá de la nada quien les haga felices).
Y también a todos aquellos que desesperados esperan que algún día aparezca quien disipe su niebla.
No hay que cerrar las puertas a todos, pero tampoco por abrirla, hay que dejar pasar a cualquiera.

Sra Yanae,preciosas sus palabras y como siempre,cargadas de razon,Usted lo hace sencillo,bonito.La claridad de su mente,su sinceridad,su fidelidad a la consecucion de sus deseos y por tanto su lucha,hace que yo no pueda comprender tanta complicacion como ven Otr@s y otr@s en la D/s.
ResponderEliminarLeerla,hace que no pierda las esperanzas de logra algun dia mi sueño.
Gracias Señora por su generosidad.