viernes, 28 de mayo de 2010

Cielo e Infierno

A partir de entonces, crecí con la idea del Cielo y el Infierno amenazándome constantemente.
Me veia a mi misma, en el colegio, clavándome agujas en los dedos para sorber mi sangre y notaba aún las miradas de mis amigos mirandome con asco cuando me hacía una herida y la limpiaba con mi lengua. Me atraía la sangre y me decía a mi misma que tenía que dejar de ver películas de vampiros porque me estaba volviendo loca. Me obsesionaban esos seres que eran capaces de tener a su merced la voluntad de un humano y que los trataban como animales y a la vez con dulzura. Buscaba en los relatos de estos seres su humanidad y su luz; sobretodo en  las Crónicas Necrománticas de Brian Lumley. Sus libros incluso me ayudaron a paliar mi ansiedad.


Y luego, con el tiempo... simplemente lo olvidé.

Pero después de que hubiera puesto un pie en el mundo D/s, volvió. Y otra vez esa lucha interna, durante años, muchos años.

Tengo una espina,
más si la tengo es porque una vez tuve una rosa.
Tengo un vacio en el alma,
lo siento porque algo llegó a ocuparlo una vez.
Tengo horas, minutos y segundos.
Tengo... tengo nostalgia de ti.

Sinceramente creo que durante todo ese tiempo nunca supe porque sufría. Era fácil adjudicarselo al echo de que mi pareja tuviera una doble vida porque así yo lo quería. Era fácil y dificil, porque yo quería estar a su lado tambien en aquello que no conseguía comprender.

Tuve la oportunidad de abrir los ojos y sólo ahora me doy cuenta de que la desperdicié. Pero no importa, seguramente no era el momento oportuno.
Era un compañero de trabajo. Conectabamos más o menos bien. Y un día me dio una tarjeta y me dijo: tienes que venir, porque es tu sitio. Era una tarjeta del DMask. Y era una fiesta fetish. Me dijo que yo era Dómina. ¿Cómo pudo ver algo que ni yo misma pensaba en ese momento? No me costó darle una descarga con un condesador de un flash de una cámara desechable cuando me lo pidió. Me enseñó sus piercings en los pezones y en el pene y me invitó a ver la mazmorra que él y su novia estaban construyendo en casa. "Venir los dos" me dijo, como si estuvieramos hablando de tomar un simple café.
Supongo que su naturalidad me ayudó mucho. Cuando se lo expliqué a mi pareja yo misma no daba credito de lo que le estaba contando. Pero mi confianza en él era total, como siempre ha sido y siempre será.
No sabía si quería o no ir al DMask y volver a enfrentarme a ese remolino de sentimientos.
Mi compañero de trabajo siguió hablandome del DMask y de la escuela de Domina Zara, que ademas, estaba a apenas tres manzanas de nuestro piso. Y empecé a hablar más con mi pareja sobre BDSM intentando entender. Pero cuanto mas me acercaba a una respuesta, más preguntas se me generaban.

Y al final, pasó el tiempo y no fui. Volví a enterrar de nuevo ese sentimiento. Volví a evadirme. Volví a cerrar mis sentidos a todo lo que tuviera que ver con el BDSM. Volví a callar.

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